sábado, 15 de septiembre de 2018

martes, 21 de agosto de 2018

Engordé desde la figura definida
que impactó contra el desgaste que sufrió
tu querer puro como lo atesoré

y añoré años

mi cuerpecito tuyo

de poliexpán.

Ahora que mis formas
reinventaron el puzzle
busco dónde encajar tu pieza
de relicario

por la tonta costumbre
y los primeros de noviembre.

Ahora que lloro al volver
de usar el comodín de bajo un momento
al súper, no puedo acordarme de
por qué lloraba.

Te sigo escribiendo como si mi solidez
no te hubiese tragado del todo, y si
me deshice aún después -y te juro que lo hice-
no entiendo por qué sigue siendo inercia
escribir daga
con tu nombre.

Por qué sigue siendo la sangre
el líquido de aquellos días
si ya no duelen.

Es tan fuerte lo que aprendí
que temo haber encontrado una cura
contra el olvido.

Espero que no.

domingo, 25 de marzo de 2018

Yugoslavia.

No he comido hoy
así es más ligero el cuerpo.

He descubierto las siete indiferencias
voy a mandarlas al periódico porque quiero un trabajo
que me adule, me explote y me haga olvidar que estoy viva
una regla que me sirva para no pensar qué hay más allá de la escuadra
la perfecta curvatura de las noches que no duermo
los días en los que me dedico a angustiarme.

Porque podría estar haciendo algo más productivo
escribiendo para otros crucigramas, sudokus, sopas de
pollo con mi toque personal y secreto.

No sé, algo de eso
que me convierta en lo más parecido a una mujer de revista
que me venere, me consuma, me engañe sin que me dé cuenta

no me deje tiempo ni para acordarme de que es la hora de la comida.

martes, 6 de marzo de 2018

Nódulo pulmonar.

He escrito lo suficiente sobre el amor como para no haber explicado nada

es mitad: perdón, hice muchas cosas mal

y mitad: gracias, no me importa lo mal que lo hiciste.

Me dan igual las veces que anidé en jaulas de cristal
mi instinto tibio, porque

respiras cerca, y

el aire que desechas, yo lo quiero dentro de mí

tan dentro
que no pueda contárselo a nadie

y afuera, en la tele, en los libros, en la calle
mientras siguen jurando los otros
que sin oxígeno la vida no funciona

dentro, cariño, yo estoy muerta de la risa.