jueves, 19 de febrero de 2015

Cartas de no amor.

Me he despertado tras tu pasos ya algunas mañanas y el aire sigue siendo denso, la cama sigue siendo un nido de nudos; las noches son batallas en las que, arropada, siempre pierdo.
Me he despertado y he sentido el vértigo, la desidia, la desazón de que existieras, el clamo al cielo, el no me lo creo, el qué coño está pasando aquí.
Y es que no te quiero, mi vida.
Ni siquiera cuando haces mermelada e impregnas el aire de polución rosa. Ni siquiera cuando sonríes, y crees que en los ojos tienes chiribitas, y yo sólo veo cucarachas (y me sorprendo a mí misma hinchando las aletillas de la nariz).
No te quiero, mi vida, porque te faltan arco iris en las formas, y huracanes en los fondos; y no tienes ni idea sobre los distintos matices del color rojo.

He ido a tu palacio ya algunas mañanas y me he descubierto dragón, y a ti rey necio y mentecato. Y he suspirado fuegos, porque ni siquiera te he visto merecedor de proclamarte mi Némesis, ni antagonista, ni víctima, ni siquiera simple adversario... Te he visto agazapado entre tu propia ignorancia, haciendo insulsas gracietas sobre las banalidades más ásperas, tomando posición entre las filas de atrás. Y rápido he sofocado el incendio, mientras decaída he comprendido que tú ya tienes cualquier batalla perdida. Y que la princesa a la que salvar es sólo una inteligencia básica encerrada en la cúpula de la torre más alta.

Luego, me he ido a casa y te he maldecido. Algunas mañanas ya; muchas mañanas ya. Te he odiado por convertirme en este pozo de literatura rancia, de grandes ofensas sin insulto. Te culpo de esta lengua viperina, de estos rasgos de serpiente, de este infierno que lidero.

No te quiero, mi vida, y me he creído que podía hacerlo. Y me he creído que podía hacerlo porque cualquiera se apropia del chiste cómodo y de un previo (muy previo) saber estar.
No te quiero, no te quiero, no te quiero: ni cuando haces acopio de falsas actitudes, y serio hasta te pones interesante; ni cuando veo tu sonrisa estática y casi olvido todo el tonto proceso que te lleva hasta ella; ni cuando en mi cabeza exhalas un "no te vayas, mi vida, te quiero, mi vida", y me rezas, mi vida, porque tú sólo sabes arreglarlo todo dándole trabajo a algún mágico Dios.
Qué irónico... Tú que jamás creerás en la magia, tú que no ves más allá de los ramos de flores los 14 de febrero.
 Ay, como alguien dijo alguna vez: "algún día un superhéroe salvará el amor de las garras de los románticos". De momento, sálvese de ti cualquiera con ambición y pensamiento divergente, cualquiera que crea en la veracidad de idiomas inventados, en la complicidad personalizada y en la sanidad pública.  
Ahí te quedas, mi gordi, con tusdomingos de partido, con tu cervecica recalentá.
Ahí te quedas, mi cosi, con tus pachangas con los coleguis, con tus proyectos de novias que cumplan sólo el requisito de quererte mucho, con tu 6 horas de tele diarias y tu creer que UPyD es un partido de izquierdas.
Ahí te quedas, corazón.

Y gracias por todo, por esta moraleja. Gracias, mi vida, gracias por esta aprendizaje sobre el amor, sobre la vida y sobre las cosas.
Gracias por hacerme creer en mí, por sacar a destajo mi poesía innata, mis ganas de volar, mi pedantería, mi no, mi yo valgo más que todo esto.
Gracias por aquel mcflurry.
Y sobre todo, gracias por conseguir que una tarde de viernes me parezca mejor plan leerme un libro que salir a dar un paseíto con alguien.


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