miércoles, 7 de febrero de 2018

Vivíamos en una burbuja
agua caliente, antípoda de la tierra sucia
sustancia de azúcar, feria infancia, gesto de leche
mar adolescente baila en la memoria hasta acariciar la roca
mensaje sin botella no se rompe, 'quédate', y te quedas, porque de irte
¿a dónde sería? el mundo es un globo y tú lo sujetas; lo vuelas como un cometa
lo ves cada ochenta años, y cada ochenta vidas pasa: pedí ochenta deseos en un 
segundo, tercero, cuarto, novecientos días consecutivos con el sol en la cara
percutiendo el pompero, adorando a la piel humana, las manos ásperas
te recuerdo conduciendo canciones pop azul turquesa
y en la carcajada en la que de repente se expandió
tu peca del labio donde el universo decide
que empieza



y ahí explota

un día: PAM

todo el chicle en el pelo.

lunes, 5 de febrero de 2018

Hay un hilo que une la persona que soy
con cualquiera de las personas que he sido.

Un viernes a medio día,
de marzo temprano
mientras iba de camino a aquel museo
me comía una napolitana de chocolate.

*

Hoy postergo una obligación
simplemente porque no sé
cómo llevarla a cabo

porque averiguarlo requiere de mí un esfuerzo torpe

que no estoy segura ser capaz de resolver con satisfacción.

También postergo otra.

El miedo, inoculado entre mis tareas cotidianas
me ha perseguido como aquel día de camino al museo
en el que no me sentía lo suficientemente preparada para vivir
algo que luego fue de lo mejor que me ha pasado en la vida.

Siempre estoy
escondiéndome cómicamente con mi napolitana de chocolate, y ahí
he dado con la niña rubia y con la niña con flequillo y con la niña
con un tinte obsceno y con la niña-mujer y con la primera mujer
e incluso, aunque entonces no podía saberlo, también conmigo.

Hoy relego, renuncio, evito, rechazo, giro la cara
a las cosas que me dan miedo
y me encuentro.

Y ojalá fuese en la felicidad; ojalá fuese en la valentía imparable
ojalá fuese en el verme con las manos ayudando
ojalá fuese en los ojos del color del que sé
que los tengo

pero, sin embargo, es en el miedo

el miedo a la incapacidad, el miedo al rechazo,
el miedo a lo que ya sé, el miedo a lo desconocido
el miedo al amor, incluso (porque es electrificar el esófago)
el miedo al miedo, el miedo a la soledad, el miedo
a la calma, el miedo a las mujeres, a los chicos
al cuerpo corrompido, a la piel que dice no
a la vulnerabilidad y al ridículo
y al éxito que me aparte


pero quiero pensar: también en las napolitanas de chocolate.

martes, 30 de enero de 2018

síndrome de la indefensión aprendida.

cuidar es una tarea compleja, soy consciente.

con suma delicadeza levanto la brisa floreada de la sábana nueva
la rabia relegada a fregar los sanitarios (que siempre recupero níveos).

perdonar es una tarea compleja, soy consciente.

perdoné tu silencio infinito.
perdoné el egoísmo tosco enfrente de mí, el antiespejo.
perdoné un mal día, un mal mes, una mala relación en favor
del sol mañana, del acuerdo en el que volqué mi estar tranquila.

querer es, sin duda, una tarea difícil.

pero yo la realizo, satisfactoriamente
te acaricio la mejilla en la siesta que no duermo
pienso poemas en los que podamos salir indemnes.

y si me dieras la oportunidad
te contaría que estoy fingiendo
porque sé que la complejidad
la necesidad de explicarse
la búsqueda de razones
el esfuerzo
es siempre la mentira

porque en el bofetón de la sábana limpia encuentro mi dolor más profundo
y en la bañera blanca la tentación hacia el asesinato prematuro
del hijo que no espero.

y si me dieses una oportunidad pequeña
si me cuidases, me quisieses - aunque fuese un poquito
yo podría confesar que no puedo perdonarte

el batallón de noches en los que me aterrorizó la casa
ordenada, limpia, espacio vacío, fría, fantasmagórica
sola

sola
sola
sola

sola sin cuidarme, sin quererme

pero soy consciente de que son tareas tremendas,

y por eso, quizá sólo por eso
-y si algún día me dieras esa oportunidad pequeñita
de la que ahora no conozco más que el hueco-

yo sí me perdonaría.



viernes, 26 de enero de 2018

bronquitis

quedaron las cáscaras
de habernos mirado a los ojos
y no el rencor por olvidar el hambre que padecimos
ni cuando la esperanza fue nicho en el pecho

-que durante tantos años habitamos, cada uno
en el pecho del otro-.

quedó el comentar con los nuevos habitantes
los caminos torcidos que sabíamos que llegaban,
sentarnos cansados sobre la noche a admirar la salud

todos los sentidos
todos lo que vorazmente me trepanó
todas las tardes inconclusas de intentar
con la cabeza fuerte que volvieras
fueron hacia ninguna parte

allí construí una casa
eché lejía sobre ti
y desapareció en círculos mi deseo más básico
hasta dejar una mancha incolora que anuncia
limpieza donde antes hubo verdad


allí vivo, allí recibo visitas, allí maldigo de vez en cuando
y allí recuerdo 

que quedaron las cáscaras
y de alguna manera los ojos
y de otra ciertos caminos

y no el rencor, no la esperanza, no el pecho ajeno
desde el que por más que lo quisimos
nunca pudimos respirar.