viernes, 24 de marzo de 2017

Si los años hubiesen seguido pasando por nosotros
nos hubiésemos convertido en lo que éramos.
Me sé de memoria las canciones que sonarían en el coche
en los viajes largos de regreso a Timbuctú.
No me asusta que cualquiera piense que lo que me queda ahora
es una filia fallida, un plan que no funcionó;
sólo es una canción infantil, me gustaría explicarles
pero no me hace falta: me creo.

Todos los días pesados como barcos hundidos,
los proverbios chinos,
los cuentos de hadas muertas
es todo en lo que se convierte la sed cuando
al vaso que estrellaste contra la pared pasas a llamarlo suelo mal acristalado.
El truco no era agacharse a recoger los trozos;
creería más en el de encomendarse a los siete años de mala suerte.

Si los años hubiesen seguido pasando lo hubiesen hecho también por debajo de una escalera, sobre el lomo del gato negro, al borde de un espejo roto.

Hubiese sido lo mismo, hubiésemos dejado atrás
islas, vacaciones, rutinas
mentiras que hoy saben al zumo de una fruta extraña
imposible en tu dicción.
Y Timbuctú se ha convertido una ciudad tristísima.

La verdad es que si los años no hubiesen pasado yo hubiese pasado.

Y bueno, también tendría todo este miedo...
Pero podría dejarte un poquito en el microondas.


jueves, 16 de marzo de 2017

Marzo 21.

Éste es el resumen de mis últimos años.

He aprendido a merodear sola. Más allá de Berlín y de La Isla. Todos los caminos me recuerdan a mi Toque de Queda y sonrío porque éste fue transmutando desde la ley inquebrantable hasta la promesa que rompimos.

He tenido conversaciones, cientos de conversaciones, sobre cómo serán las salas de estar en el exoplaneta, y con todos he coincidido en algo.

He sido dinámica y atronadora; fugaz y explícita; alegre y despreocupada; me he ido al baño para que no me viesen reír.

Han ido desapareciendo los vestigios religiosos de todos los dormitorios, y cuando ya no quede ninguno no sé a qué le echaré la culpa de sentirme tan rara en habitaciones extrañas.
He rezado por alguien en cada una de ellas.

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Ésta soy yo: el resumen de mis últimos años.

Quise una vida honesta.

Quise una vida honesta y quise volver al estanque de los peces de colores; quise volver y quise verlos serpentear hacia unas manos. Unas manos de pan que me obligué a aprender porque la memoria es débil; que hice mías porque no quería perderlas. Y que me dieron de hostias domingos y festivos.
Pero quise una vida honesta.

He aprendido a pasear por Berlín y por La Isla. También eso era importante. Donde antes había parques ahora hay técnicas de reiki, y me pregunto cuántas maneras habrá de entender mal el budismo; cuántas maneras habrá de no sufrir por nada.

He sido sincera con mis sentimientos, con cada uno de ellos. Incluso con el pánico inarticulable. Incluso con la imposibilidad de paz. Y estoy pensando en abrirme un canal de Youtube, normalizar mi rutina, exportar más consejos para una vida saludable.
-Hay que vomitar cuando se tiene angustia.
-Hay que beber cerveza cuando se tiene angustia.

Con mis mocos arreglo cachivaches.
Con mi establecer prioridades improviso tarimas raggaetoneras (a veces).
Con mi tiempo libre hago favores a algún villano de disney.
Con mi miedo organizo meriendas y actos terroristas y prometo, a la gente que de verdad quiero prometo, reír como una histérica cuando se vayan sólo cuando esté muy triste.

Quise una vida honesta. Fui al estanque de los peces de colores. Regresé a casa y cenamos pizza. Acabamos hablando de alienígenas, de la vida después de la suerte, de planetas que no giran alrededor de mí y terminamos coincidiendo en algo.

Ayer escuché a X hablar de alguien muerto como si existiese otro universo. Un mundo donde olía a caramelos de café y la estancia estaba inundada por un sol perezoso y limpio; y al trasluz también el polvo, suspendido como purpurina analógica. X no cree en Dios, pero dijo: bueno, ahora está en un lugar mejor. Y yo supe que era cierto.

Cuando me muera quiero ser un fantasma porque me eches una manta por encima para no pasar frío durmiendo. Me hubiese gustado decírselo, pero elegí una vida honesta.

He sido silenciosa e imposible; pesada y arrítmica; maliciosa e incapaz; me he ido al baño para que no me viesen llorar.

Pero mi cerebro siempre orbitó entorno al mundo con la misma salubridad con la que el de los otros no lo hacía. Con la misma.

He fingido estar loca por la misma razón por la que los demás nunca hubiesen querido parecerlo.

Nunca he sido tan feliz. Ni tan valiente. Ni tan lunática. Nunca.

Éste es el resumen de mis últimos años.

Ya no creo en el cielo, pero me sigue gustando muchísimo.

domingo, 5 de marzo de 2017

Lo cierto es habitualmente...

Los niños tienen pene
y las niñas tienen culpa.
Las niñas tienen bilis.
Las niñas tienen pulmones.
Las niñas tienen recuerdos.
Las niñas tienen callos.
Las niñas tienen hambre.
Las niñas tienen miedo de salir a la calle.
Las niñas tienen miedo de volver a casa.
Las niñas tienen, no sabéis cuánto miedo tienen, las niñas.
Las niñas tienen las pestañas cortitas.
Las niñas tienen los labios pálidos.
Las niñas tienen pelos en cualquier sitio.
Las niñas tienen celulitis en cualquier sitio.
Las niñas tienen sangre.
Las niñas tienen razón.
Las niñas tienen inclinaciones artísticas.
Las niñas tienen mentes científicas privilegiadas.
Las niñas tienen que demostrar cada día.
Las niñas tienen, como principal promesa de muerte entre los 15 y los 44 años, la violencia machista.
Las niñas tienen el mayor sufrimiento de acoso, marginación de cualquier tipo, asesinato.
Las niñas tienen el mayor sufrimiento.
Las niñas tienen (y lo que tengan no puede notárseles nada).
Las niñas tienen chucherías.
Las niñas tienen bocadillos XL de chorizo en la mochila.
Las niñas tienen habilidades que flipas.
Las niñas tienen la flexibilidad de una tubería de acero.
Las niñas tienen talento.
Las niñas tienen talante.
Las niñas tienen desparpajo.
Las niñas tienen la suerte de ser madres algún día.
Las niñas tienen la suerte de no ser madres ningún día.
Las niñas tienen manos.
Las niña tienen la capacidad de construir y destruir
acariciar y golpear
darte la vida, quitártela
y mantenerte en ella.
Las niñas tienen ganas de llorar.
Las niñas tienen ganas de repanchingarse.
Las niñas tienen ganas de que las dejes en paz.
Las niñas tienen ganas y todas las de perder.
Las niñas tienen problemas.
Las niñas tienen desórdenes.
Las niñas tienen fajas.
Las niñas tienen fajitas.
Las niñas tienen los ojos preciosos.
Las niñas tienen planes.
Las niñas tienen sueños.
Las niñas tienen que ocupar poquito espacio.
Las niñas tienen que cruzar las piernas.
Las niñas tienen que cruzar los dedos.
Las niñas tienen que ser finas.
Las niñas tienen que ser maravillosas.
Las niñas tienen que ser deseables.
Las niñas tienen que ser deseables.
Las niñas tienen que ser deseables.
Las niñas tienen que oír unas cosas...
Las niñas tienen que no fiarse de los desconocidos.
Las niñas tienen que no fiarse, sobre todo, de los que conocen.
Las niñas tienen caca, culo, pedo, pis.
Las niñas tienen gracia.
Las niñas tienen risa.
Las niñas tienen voz.
Las niñas tienen cosas que decir.
Las niñas tienen que aprender a callarse.
Que no te engañen.
Si naces hombre, eres alguien con suerte;
si eres mujer... son los demás los que la tienen.

miércoles, 8 de febrero de 2017

'Dale consejos a la niña, que tú sabes mucho de nada en absoluto'.

Intégrate en conversaciones sosas, ásperas, o metálicas: desenvuélvete en el resto. Ponte nerviosa incluso por los futuros que ya sepas acabados. Merodea por tu mediocridad de museo y párate frente a cualquier obra: ten toda la mañana y ríete como un jubilado.
Aplasta el pan sobre el que mañana llorarás de memoria. Aplástalo, machácalo: no va a hacerte daño hasta dentro de diecinueve años. No leas. No cocines. No te sientas mal. Be tónica, my friend: que no te tomen por insuficiente. Drógate blando para sufrir la hipocondría y respirar el alivio. Acaricia los puntos de sutura como si fuesen alta costura, delicados como la madrugada de un lunes.
Asegura haber visto un fantasma: en tu mente mutará en plegaria, Jura y perjura. Rebobina ese cruce mutuo sin haberos mirado si quiera. Rebobina. Rebobina. Tonta como una oveja que es oveja dos veces.

Sé de plástico y tírate al mar. Ayuda a los delfines a morir mientras lloras. Mientras lloras nacerán cien mil tulipanes en el estrecho. Córtalos y llora. Desaparece, nadie notará que hacía mucho que no estabas. El tiempo todo lo cura. El tiempo todo lo deforma. Y bichos sin colores acuden a la fiesta. Cruje sus extremidades cartón dulce y encuentra veneno en tus impulsos. Éste encontrará tus presumibles órganos sanos, cavará una úlcera en lo que eres, y tú estarás de acuerdo.

Pasea victoriana, deslizando el dedo sobre la superficie polvorienta, a través de la estancia iluminada por el blanco de un sol que no te pertenece y júzgalo. Pídele perdón antes de que se vaya.
Despieza una mala sensación y di que es de Bach. Respira hondo: será un falso fondo. Cánsate encogiéndote.  Encógete librándote de tus primeros días de vida. Y luego de los segundos. Y luego de los terceros...  Visita los jardines de palacio: no estás hecha para eso. Suéñate encorsetada los días que no cenes, e invencible justo en el punto de mareo. Déjate caer. Rómpete, qué asco, insulta: en realidad todo será culpa tuya. Destrózate y no encuentres ningún glamour en eso. Enrábiate y echa de menos al abuelo.
Corre. Déjate alcanzar porque es todo lo que quieres en el mundo. Mira a los ojos y voluntariados en Eritrea. Respira hondo: no hay nada falso en eso. Cánsate de alegría. Recompón tus huecos con la fe de que X siempre tendrá algo que callarse y cállate. No, di algo. Aprende a haberte callado antes.

Gana a pesar de que no vayan a darte un premio. Celebra la vida de otro. Pon en juego tu enfermedad, y piérdela. Existe en Soria, desde Madrid. Olvídate de la primera playa que recuerdes y de otras mentiras de viento. Sueña: alguien te estará esperando. Compara. Sal perdiendo. Azúcar ganando.
Da besos de desidia verdadera y quédate los otros. Sacraliza tu estilo torpe de intento y de reintento. Cree en el truco: ésa es la única magia. Da la vuelta al mundo en ochenta años, y quédate en casa cuando lo necesites.