jueves, 8 de junio de 2017

Audrey y Marilyn desayunando churros juntas: les importa una mierda a cuál prefieras.

El Test de Bedchel confirma que aún más de la mitad no lo superan en plena Era del HaberloConseguidoYaTodo.

Una de las cosas más interesantes que he aprendido en la universidad es que forjamos nuestra manera de relacionarnos a través de cómo interactúan entre sí los roles biendefinidos que observamos en los productos de ficción a los que hemos sido expuestos. Somos lo que leemos en los libros; lo que vemos en las películas. Esta soy yo: estoy andando por un pasillo enorme, y en todo el recorrido no he dejado de pensar que quiero ser perfecta. Por otro lado, cada vez que os he visto desfilar vapuleando vuestros pelazos al viento, he pensado: es mentira. También debo ser una hipócrita. Hubiese sido más fácil quedarme de brazos cruzados en los bailes de fin de curso, y sin embargo: mírame, mírame, mírame, ¿ves cómo se suspende el sol en mi rubio tibio?

He estado creyendo, como una especie de ley silenciosa y tatuada, que somos el cebo que se lanza al mar esperando atrapar al pececillo de colores. ¿Cómo sé que es de colores si soy el cebo? Estaba equivocada: en realidad somos el pececillo. Quizá de haber sido una mujer fuerte, determinada, todoterreno -una mujer como un hombre manda- hubiese sabido guardar el secreto. Quizá de haber sido una mujer perfecta lo hubiese podido hacer chiquitito y acoplado entre la costilla quince y veintitrés. Pero esta es la verdad: no lo soy. Y por eso lloré delante de ti, Sof, y los siguientes tres años hablamos casi ininterrumpidamente sobre la comida, el hambre, la necesidad patológica de atención y otras enfermedades absolutamente de chicas. Por eso averigüé que desde el principio de los tiempos ya se lo había contado a Ele, pero no me había dado cuenta nunca. Por eso se lo dije a María; no sé cómo. María puede verme señuelo perfecto en cajita tonta de poliexpán y no me lo cuenta; María se ríe conmigo todas las noches, que es la mejor manera de no coincidir con alguien en el espectro político.

Siento vergüenza porque, en ese ejercicio de competitividad y té, os he estado escuchando sibilinamente clamar 'me llevo mejor con los chicos', 'las mujeres somos malas entre nosotras' y os he entendido perfectamente. Posiblemente yo también me he sentido muy sola. (Como el movimiento de melena o el disimular el cuello roto, intenté esa aproximación masculina. No todos, pero la mayoría te dicen 'me gusta mucho el color persa de tus labios', y tu tienes los labios pálidos. Es gracioso, porque he pasado la vida queriendo que me quisieran por guapa y cuando lo hicieron resultó decepcionante).

Nos llevamos mejor con los chicos porque las chicas nos dan miedo, nos dan rabia, nos dan el eterno autodiagnóstico de ser insuficientes. Con ellos hablamos de la lámpara, pero no de la luz; ellos vislumbran la angustia pero no saben lo suficiente de ornitología como para atajarla. Quizá de haber sido una mujer perfecta me hubiese perdido todo eso. Estas somos nosotras. Las únicas sirenas que existen son una alarma desesperada de 'aparta, se está muriendo, joder', y las princesas a las que les gusta Kurosawa igualmente son tomadas por gilipollas. Ser perfecta en una sociedad misógina es querer ser perfecta, frustrada, hasta que te mueres; es asimilar una responsabilidad heroica entre tus competencias elegidas por vocación de fémina, conciliándolas siempre con una cintura en el cuero envidiable.

A pesar de saber la verdad, lo cierto es que vamos a seguir estando todas entre bastidores aun esperando el papel de nuestras vidas, que casi nunca es una carta de amor. Pero he aquí la mía: gracias por enseñarme a atarme los cordones; gracias por quitarme todas las liendres, pelo a pelo; gracias por enseñarme a abrir tarros de cristal sin usar la fuerza; gracias a ti, por la fuerza; gracias por no huir cuando estaba putrefacta y flatulenta entre las sábanas; gracias por cantar aun sobria a gritos Fondo Flamenco; gracias por responder por cientacuarta vez a ya sabes qué pregunta; gracias por dejarme una palmera de chocolate en el escritorio; gracias por decirme al oído que tenía un agujero en el culo del pantalón; gracias por confiar en mí: gracias por pedirme ayuda; gracias por escucharme horas hablar de un cadáver; gracias por decirme que me parecía a Sofía Vergara la única vez que ibas a hablarme; gracias por el libro de Flavita (a las dos); gracias por odiarme por lo que siempre quise que me odiaran; gracias por discutir con ganas; gracias por quererme por lo que siempre sentí que merecía ser querida; gracias por sacarme de mi casa; gracias por llevarme a mi casa; gracias por los consejos; gracias por fregarme la olla; gracias por sonreírme sin conocerme de nada cuando nos cruzamos por el pasillo al baño.... Con suerte, existir se parecerá cada vez más a ese pasillo, aunque sigamos -inevitablemente sigamos- avanzando, agitando nuestro cabello cinematográfico sin que el tiempo ni el aire se detengan al paso. Porque, amigas, la vida nunca ha sido una película, pero cuando os veo a vosotras aparecer al final de ese corredor interminable cada día, doy gracias, de verdad que las doy, porque no lo sea.

martes, 9 de mayo de 2017

La lavadora.

Con las vueltas que da la vida
he engendrado la costumbre
de mirar la lavadora y ver mi útero:
un tambor que pocas veces golpea
pero que siempre gira y gira.

(Así es como debió de encoger el mar:
con el traqueteo reiterado del monstruo acuático).

Hay un espacio metálico en todos los lugares
donde guardo las cosas que me quedan
es exacto al sitio en el que desembocan los llantos en Sudán
los ríos de sudor de las madres
algunos trapos sucios
todas las personas que me hubiese gustado que fuesen
centrifugado en tu gracia, en mi estómago, en las diatribas
y que no fueron nada.

domingo, 23 de abril de 2017

Mi género literario favorito es el Chick Lit.

No eres como las demás
eres una chica maravillosa
has pillado el concepto de este siglo
no engordas nada y comes todo lo que quieres
no te preocupa tu cuerpo perfecto
qué bien te quedan los push-up y criticar a las que le dan al contouring
casi no crees en las relaciones, pero te vi
el día que fuiste tocada por dios sonreías
eres culta, ingeniosa, estudias algo de ciencias
tu novio el catalán te regaló una rosa un 23 de abril
pero porque que leas no te desconvierte en florecilla
las florecillas duran dos días, pero eso da igual, tú lo entiendes
la vida es así, no crees en los parasiempres, eres tan libre tú también
eres una chica lista: enarbolas teorías muy chungas mientras
recoges la porquería del desayuno de tu chico (se le había olvidado)
él sabe que le das mil vueltas en todo, y te dice que te quiere hacer girar
como el Leo a la Kate en el Titanic
no quiere verte hundida
qué te ha pasa hoy
'es una tontería', sabes que es una tontería
pero él te llenará la cama de pétalos mañana
porque entiende ese tipo de amor por el que cree que te mueres cada día
tómalo: envuelto y con lazo rojo
sirve para que puedas exhibirte en un nuevo espectáculo de contorsionismo
arriesgado, sexy, fatal
matutino si hace falta
porque esa eres tú y nadie se ha movido nunca así
tu pelo al viento es una canción de Los Planetas
se agitan en tu boca los veranos en la costa
el aire es el que se suspende a tu paso
en secreto piensas: soy inolvidable
pero no te importa ¿verdad?
tu hipocresía está perfectamente maquillada (muy natural)
eres como una trama que se reinventa constantemente
loca, divertida, graciosa, despreocupada
pero salvar a los patos daneses es un asunto muy serio
firmaste la petición en change.org sin gritar
porque Emma Watson es tu feminista favorita
y entreabres la boquita en las fotos como síntoma
de rebeldía y depilarte porque quieres
tu causas son justas, y justas
para no aburrir, para no abrumar
brilla la purpurina en tu voz; en tus manos las cosas limpias
en tus palabras una explicación genial sobre por qué existe el cáncer
incluyendo una cita de Bukowsky, que no es tu favorita
porque las mejores siempre son 'contigo y acaban en sexo ;)'
tan ocurrente, tan distinta, tan sujetando
el vino con esa delicadeza
que poseen las mujeres infelices
de los libros tontos que tú nunca leerías.








lunes, 3 de abril de 2017

Deus ex machina.

Me he reído de repente porque ante la estimulación tonta soy
la flor que rompe la tierra porque es veinte de marzo
porque me he despertado en una habitación preciosa
llena de luz, llena de haber escuchado historias
sobre mújeres jóvenes que tuvieron que irse tan pronto
y yo siempre he estado aquí.

Ahora estoy bailando Dancing Queen una mañana en la que pienso
con lo tristes que hemos estado, con lo felices que hemos sido
con lo mal que lo he hecho, con lo bien que ha salido
ésa es mi alegría: haberlo llorado todo
sin perder en realidad nada
y no me siento culpable
sólo agradecida.

Por los pulmones sanos reconozco mi incapacidad
de haber dejado escrito, de haber conseguido mantener
la certeza de haber sido una persona impoluta
como el aire con el que mi madre ventilaba la casa
y yo gritaba hasta la indecencia.

Siempre es tarde para pedir perdón
y, a veces, ésta, viernes y de abril:
eso no te lo esperabas.

Voy a llevarte a merendar al parque antes de que algún órgano falle.

Señor Captcha: no puedo confirmarle que no soy un robot
pero tuve un buen programador cerebral, estoy segura.
Lo intentaré de nuevo más tarde.

Si de verdad la risa es aprendida, no necesita ser recordada
lo esencial no es invisible, son los ojos
y si dentro de tres años se diagnosticarán 247.000 nuevos casos de cáncer
a lo mejor no deberías leer libros que no te gusten.

Me he reído de repente quizá porque las conexiones fallan
quizá porque funcionan.

El mundo seguirá girando como esa bailarina absurdamente perfecta
que una vez deseé con todas mis vanas fuerzas ser
mientras yo también giraba.



lunes, 27 de marzo de 2017

he sido tres veces decepcionante; ojalá dibuje algo original en el retrovisor de un coche futurista, ojalá recorra sin miedo el piso descalza dentro de veintiún años.

ayer escribí en el muro
tu vida es un cristal: puedes elegir ver en ella una ventana o un espejo

repaso mi personalidad ficticia diez o quince veces al día
soy mi mayor fan

en mi cabeza, el mundo es sólo una impresión del mundo
la serotonina debe ser como el agua en la memoria
en la memoria las luces son como las voces en la cabeza
-reales e imposibles- cuando cierro los ojos

las pantallas se parecen mucho a los ojos

repaso mi personalidad ficticia diez o quince veces al día
soy mi mayor hater

una impresión del mundo no es el mundo, y por lo tanto
la oscuridad no es el silencio

no es el silencio

es una termita que devora sin control
la vajilla
con un zumbido insoportable
por eso estrellé yo misma el vaso
lo maté, contra el suelo, lo maté

mis manos devoraron el cadáver
no pude pararlas, poseídas por el bicho
                                     zig-zageante
                                           la sangre brotó hasta supurar la culpa
                                                                mi culpa es el silencio
                                              es mi redención es mi daño
                                                     no es mi silencio
                                                         
tal vez por eso no llegue a curarme

nunca escribiré en una pared

mi vida es un cristal roto.

viernes, 24 de marzo de 2017

Si los años hubiesen seguido pasando por nosotros
nos hubiésemos convertido en lo que éramos.
Me sé de memoria las canciones que sonarían en el coche
en los viajes largos de regreso a Timbuctú.
No me asusta que cualquiera piense que lo que me queda ahora
es una filia fallida, un plan que no funcionó;
sólo es una canción infantil, me gustaría explicarles
pero no me hace falta: me creo.

Todos los días pesados como barcos hundidos,
los proverbios chinos,
los cuentos de hadas muertas
es todo en lo que se convierte la sed cuando
al vaso que estrellaste contra la pared pasas a llamarlo suelo mal acristalado.
El truco no era agacharse a recoger los trozos;
creería más en el de encomendarse a los siete años de mala suerte.

Si los años hubiesen seguido pasando lo hubiesen hecho también por debajo de una escalera, sobre el lomo del gato negro, al borde de un espejo roto.

Hubiese sido lo mismo, hubiésemos dejado atrás
islas, vacaciones, rutinas
mentiras que hoy saben al zumo de una fruta extraña
imposible en tu dicción.
Y Timbuctú se ha convertido una ciudad tristísima.

La verdad es que si los años no hubiesen pasado yo hubiese pasado.

Y bueno, también tendría todo este miedo...
Pero podría dejarte un poquito en el microondas.


jueves, 16 de marzo de 2017

Marzo 21.

Éste es el resumen de mis últimos años.

He aprendido a merodear sola. Más allá de Berlín y de La Isla. Todos los caminos me recuerdan a mi Toque de Queda y sonrío porque éste fue transmutando desde la ley inquebrantable hasta la promesa que rompimos.

He tenido conversaciones, cientos de conversaciones, sobre cómo serán las salas de estar en el exoplaneta, y con todos he coincidido en algo.

He sido dinámica y atronadora; fugaz y explícita; alegre y despreocupada; me he ido al baño para que no me viesen reír.

Han ido desapareciendo los vestigios religiosos de todos los dormitorios, y cuando ya no quede ninguno no sé a qué le echaré la culpa de sentirme tan rara en habitaciones extrañas.
He rezado por alguien en cada una de ellas.

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Ésta soy yo: el resumen de mis últimos años.

Quise una vida honesta.

Quise una vida honesta y quise volver al estanque de los peces de colores; quise volver y quise verlos serpentear hacia unas manos. Unas manos de pan que me obligué a aprender porque la memoria es débil; que hice mías porque no quería perderlas. Y que me dieron de hostias domingos y festivos.
Pero quise una vida honesta.

He aprendido a pasear por Berlín y por La Isla. También eso era importante. Donde antes había parques ahora hay técnicas de reiki, y me pregunto cuántas maneras habrá de entender mal el budismo; cuántas maneras habrá de no sufrir por nada.

He sido sincera con mis sentimientos, con cada uno de ellos. Incluso con el pánico inarticulable. Incluso con la imposibilidad de paz. Y estoy pensando en abrirme un canal de Youtube, normalizar mi rutina, exportar más consejos para una vida saludable.
-Hay que vomitar cuando se tiene angustia.
-Hay que beber cerveza cuando se tiene angustia.

Con mis mocos arreglo cachivaches.
Con mi establecer prioridades improviso tarimas raggaetoneras (a veces).
Con mi tiempo libre hago favores a algún villano de disney.
Con mi miedo organizo meriendas y actos terroristas y prometo, a la gente que de verdad quiero prometo, reír como una histérica cuando se vayan sólo cuando esté muy triste.

Quise una vida honesta. Fui al estanque de los peces de colores. Regresé a casa y cenamos pizza. Acabamos hablando de alienígenas, de la vida después de la suerte, de planetas que no giran alrededor de mí y terminamos coincidiendo en algo.

Ayer escuché a X hablar de alguien muerto como si existiese otro universo. Un mundo donde olía a caramelos de café y la estancia estaba inundada por un sol perezoso y limpio; y al trasluz también el polvo, suspendido como purpurina analógica. X no cree en Dios, pero dijo: bueno, ahora está en un lugar mejor. Y yo supe que era cierto.

Cuando me muera quiero ser un fantasma porque me eches una manta por encima para no pasar frío durmiendo. Me hubiese gustado decírselo, pero elegí una vida honesta.

He sido silenciosa e imposible; pesada y arrítmica; maliciosa e incapaz; me he ido al baño para que no me viesen llorar.

Pero mi cerebro siempre orbitó entorno al mundo con la misma salubridad con la que el de los otros no lo hacía. Con la misma.

He fingido estar loca por la misma razón por la que los demás nunca hubiesen querido parecerlo.

Nunca he sido tan feliz. Ni tan valiente. Ni tan lunática. Nunca.

Éste es el resumen de mis últimos años.

Ya no creo en el cielo, pero me sigue gustando muchísimo.

domingo, 5 de marzo de 2017

Lo cierto es habitualmente...

Los niños tienen pene
y las niñas tienen culpa.
Las niñas tienen bilis.
Las niñas tienen pulmones.
Las niñas tienen recuerdos.
Las niñas tienen callos.
Las niñas tienen hambre.
Las niñas tienen miedo de salir a la calle.
Las niñas tienen miedo de volver a casa.
Las niñas tienen, no sabéis cuánto miedo tienen, las niñas.
Las niñas tienen las pestañas cortitas.
Las niñas tienen los labios pálidos.
Las niñas tienen pelos en cualquier sitio.
Las niñas tienen celulitis en cualquier sitio.
Las niñas tienen sangre.
Las niñas tienen razón.
Las niñas tienen inclinaciones artísticas.
Las niñas tienen mentes científicas privilegiadas.
Las niñas tienen que demostrar cada día.
Las niñas tienen, como principal promesa de muerte entre los 15 y los 44 años, la violencia machista.
Las niñas tienen el mayor sufrimiento de acoso, marginación de cualquier tipo, asesinato.
Las niñas tienen el mayor sufrimiento.
Las niñas tienen (y lo que tengan no puede notárseles nada).
Las niñas tienen chucherías.
Las niñas tienen bocadillos XL de chorizo en la mochila.
Las niñas tienen habilidades que flipas.
Las niñas tienen la flexibilidad de una tubería de acero.
Las niñas tienen talento.
Las niñas tienen talante.
Las niñas tienen desparpajo.
Las niñas tienen la suerte de ser madres algún día.
Las niñas tienen la suerte de no ser madres ningún día.
Las niñas tienen manos.
Las niña tienen la capacidad de construir y destruir
acariciar y golpear
darte la vida, quitártela
y mantenerte en ella.
Las niñas tienen ganas de llorar.
Las niñas tienen ganas de repanchingarse.
Las niñas tienen ganas de que las dejes en paz.
Las niñas tienen ganas y todas las de perder.
Las niñas tienen problemas.
Las niñas tienen desórdenes.
Las niñas tienen fajas.
Las niñas tienen fajitas.
Las niñas tienen los ojos preciosos.
Las niñas tienen planes.
Las niñas tienen sueños.
Las niñas tienen que ocupar poquito espacio.
Las niñas tienen que cruzar las piernas.
Las niñas tienen que cruzar los dedos.
Las niñas tienen que ser finas.
Las niñas tienen que ser maravillosas.
Las niñas tienen que ser deseables.
Las niñas tienen que ser deseables.
Las niñas tienen que ser deseables.
Las niñas tienen que oír unas cosas...
Las niñas tienen que no fiarse de los desconocidos.
Las niñas tienen que no fiarse, sobre todo, de los que conocen.
Las niñas tienen caca, culo, pedo, pis.
Las niñas tienen gracia.
Las niñas tienen risa.
Las niñas tienen voz.
Las niñas tienen cosas que decir.
Las niñas tienen que aprender a callarse.
Que no te engañen.
Si naces hombre, eres alguien con suerte;
si eres mujer... son los demás los que la tienen.

miércoles, 8 de febrero de 2017

'Dale consejos a la niña, que tú sabes mucho de nada en absoluto'.

Intégrate en conversaciones sosas, ásperas, o metálicas: desenvuélvete en el resto. Ponte nerviosa incluso por los futuros que ya sepas acabados. Merodea por tu mediocridad de museo y párate frente a cualquier obra: ten toda la mañana y ríete como un jubilado.

Aplasta el pan sobre el que mañana llorarás de memoria. Aplástalo, machácalo: no va a hacerte daño hasta dentro de diecinueve años. No leas. No cocines. No te sientas mal. Be tónica, my friend: que no te tomen por insuficiente. Drógate blando para sufrir la hipocondría y respirar el alivio. Acaricia los puntos de sutura como si fuesen alta costura, delicados como la madrugada de un lunes. Asegura haber visto un fantasma: en tu mente mutará en plegaria.
Jura y perjura. Rebobina ese cruce mutuo sin haberos mirado si quiera. Rebobina. Rebobina. Tonta como una oveja que es oveja dos veces.

Sé de plástico y tírate al mar. Ayuda a los delfines a morir mientras lloras. Mientras lloras nacerán cien mil tulipanes en el estrecho. Córtalos y llora. Grita. Grita hasta la astilla.

Desaparece: nadie notará que hacía mucho que no estabas. El tiempo todo lo cura. El tiempo todo lo deforma. Y bichos sin colores acuden a la fiesta. Cruje sus extremidades cartón dulce y encuentra veneno en tus impulsos. Éste encontrará tus presumibles órganos sanos, cavará una úlcera en lo que eres, y tú estarás de acuerdo.

Pasea victoriana, deslizando el dedo sobre la superficie polvorienta, a través de la estancia iluminada por el blanco de un sol que no te pertenece y júzgalo. Pídele perdón antes de que se vaya.
Despieza una mala sensación y di que es de Bach. Respira hondo: será un falso fondo. Cánsate encogiéndote.  Encógete librándote de tus primeros días de vida. Y luego de los segundos. Y luego de los terceros...  Visita los jardines de palacio (no estás hecha para eso). Suéñate encorsetada los días que no cenes, e invencible justo en el punto de mareo. Déjate caer.

Rómpete, qué asco, insulta: en realidad todo será culpa tuya. Destrózate y no encuentres ningún glamour en eso. Enrábiate y echa de menos al abuelo.

Corre. Déjate alcanzar porque es todo lo que quieres en el mundo. Mira a los ojos y voluntariados en Eritrea. Respira hondo: no hay nada falso en eso. Cánsate de alegría. Recompón tus huecos con la fe de que X siempre tendrá algo que callarse y cállate. No, di algo. Aprende a haberte callado antes.

Gana a pesar de que no vayan a darte un premio. Celebra la vida de otro. Pon en juego tu enfermedad, y piérdela.

Existe en Soria, desde Madrid. Olvídate de la primera playa que recuerdes y de otras mentiras de viento. Sueña: alguien te estará esperando. Compara. Sal perdiendo. Azúcar ganando. Da besos de desidia verdadera y quédate los otros. Sacraliza tu estilo torpe de intento y de reintento.
Cree en el truco: ésa es la única magia. Da la vuelta al mundo en ochenta años, y quédate en casa cuando lo necesites.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Cien mil días.

Han pasado mil cien días desde que me mudé a las afueras
de mi memoria.

Si ahora hablase contigo tendría que inventármelo todo.

Mi manos pequeñas como los milagros
se hicieron pequeñas como las dudas.

Me he ido convirtiendo en un cuerpo
     
       en el realismo de un cuerpo

       en la imposibilidad de un cuerpo
       
       e imágenes ásperas me invocan a la hora de la siesta.

Hemos pasado años teniendo conversaciones sobre
poner la lavadora, qué cenar hoy, el dolor metálico de los golpes en la cocina,
lo sola que me siento, lo sola que me sentía,
las clases de astrología, los programas de la televisión, mi madre y las cortinas,
la mitología griega, la composición de los muertos, la descomposición de los vivos,
el desconsuelo, Madrid, curiosidades,
los círculos concéntricos del algodón de azúcar,
aguantarse la risa, la paja en el costurero, las aventuras de los últimos diez meses
en mi cabeza.

Si ahora hablase contigo tendría que inventármelo todo.



martes, 10 de enero de 2017

3 y media.

Me he despertado a las 3 de la mañana
recordando el poema que escribió Lucía sobre los chicos a los que nunca amó
que son, con suerte, la mayoría.

Me hubiera gustado responderle que después de todo
me encojo en la cama en un gesto de abrazo
mucho más abrazo
que todos los de mis novios del Tres
al Cuarto
porque he tenido que aprender a hacerlo
y aunque he tenido que aprender a hacerlo
ahora lo hago porque quiero
aunque siga queriendo otras cosas.

Alguien que entienda.
Alguien que abrace.
Alguien que entienda que no quiero seguir escribiendo qué entienda
y que lo entienda.
Alguien que abrace.
Alguien que en la cama le vayan las posturas ideológicas.
Alguien que abogue por lo húmedo como sueño y no como tipo de frío.

Alguien que no coloque la guinda de la índole en La Broma
porque la risa a mí ya me sale sola.
Alguien que no confunda estar triste con serlo.
Alguien que no fuera alguien triste
sólo un poco por dentro.

Alguien que jamás se atreviera a discernir la alegría de la pena
a sabiendas de que la felicidad es una tercera cosa distinta
y que siempre hay terceras cosas
y que siempre hay cosas distintas.

Y que yo seguiría queriendo otras.

Me he dormido a las 3 y media de la mañana
escuchando el ronroneo lejano del camión de la basura
mientras mi conciencia se disolvía como un azucarillo
junto al pensamiento de que hubo una época en la que yo pasé a la misma hora
quizá la misma hora en que la murió un invierno estúpido
quizá la misma hora en la que Lucía escribió el poema
quizá la misma cantidad chicos a los que yo no amé
y que fueron, con suerte, la mayoría.

jueves, 5 de enero de 2017

El olvido debe parecerse mucho a cambiar de opinión
pero he vuelto a cambiar de opinión.

¿Y si sigue pasando el tiempo y yo sigo estando tan triste?

He vivido no sé ya cuántos años, y la verdad
me hubiera gustado que te hubieses quedado
a contarlos.