jueves, 16 de marzo de 2017

Marzo 21.

Éste es el resumen de mis últimos años.

He aprendido a merodear sola. Más allá de Berlín y de La Isla. Todos los caminos me recuerdan a mi Toque de Queda y sonrío porque éste fue transmutando desde la ley inquebrantable hasta la promesa que rompimos.

He tenido conversaciones, cientos de conversaciones, sobre cómo serán las salas de estar en el exoplaneta, y con todos he coincidido en algo.

He sido dinámica y atronadora; fugaz y explícita; alegre y despreocupada; me he ido al baño para que no me viesen reír.

Han ido desapareciendo los vestigios religiosos de todos los dormitorios, y cuando ya no quede ninguno no sé a qué le echaré la culpa de sentirme tan rara en habitaciones extrañas.
He rezado por alguien en cada una de ellas.

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Ésta soy yo: el resumen de mis últimos años.

Quise una vida honesta.

Quise una vida honesta y quise volver al estanque de los peces de colores; quise volver y quise verlos serpentear hacia unas manos. Unas manos de pan que me obligué a aprender porque la memoria es débil; que hice mías porque no quería perderlas. Y que me dieron de hostias domingos y festivos.
Pero quise una vida honesta.

He aprendido a pasear por Berlín y por La Isla. También eso era importante. Donde antes había parques ahora hay técnicas de reiki, y me pregunto cuántas maneras habrá de entender mal el budismo; cuántas maneras habrá de no sufrir por nada.

He sido sincera con mis sentimientos, con cada uno de ellos. Incluso con el pánico inarticulable. Incluso con la imposibilidad de paz. Y estoy pensando en abrirme un canal de Youtube, normalizar mi rutina, exportar más consejos para una vida saludable.
-Hay que vomitar cuando se tiene angustia.
-Hay que beber cerveza cuando se tiene angustia.

Con mis mocos arreglo cachivaches.
Con mi establecer prioridades improviso tarimas raggaetoneras (a veces).
Con mi tiempo libre hago favores a algún villano de disney.
Con mi miedo organizo meriendas y actos terroristas y prometo, a la gente que de verdad quiero prometo, reír como una histérica cuando se vayan sólo cuando esté muy triste.

Quise una vida honesta. Fui al estanque de los peces de colores. Regresé a casa y cenamos pizza. Acabamos hablando de alienígenas, de la vida después de la suerte, de planetas que no giran alrededor de mí y terminamos coincidiendo en algo.

Ayer escuché a X hablar de alguien muerto como si existiese otro universo. Un mundo donde olía a caramelos de café y la estancia estaba inundada por un sol perezoso y limpio; y al trasluz también el polvo, suspendido como purpurina analógica. X no cree en Dios, pero dijo: bueno, ahora está en un lugar mejor. Y yo supe que era cierto.

Cuando me muera quiero ser un fantasma porque me eches una manta por encima para no pasar frío durmiendo. Me hubiese gustado decírselo, pero elegí una vida honesta.

He sido silenciosa e imposible; pesada y arrítmica; maliciosa e incapaz; me he ido al baño para que no me viesen llorar.

Pero mi cerebro siempre orbitó entorno al mundo con la misma salubridad con la que el de los otros no lo hacía. Con la misma.

He fingido estar loca por la misma razón por la que los demás nunca hubiesen querido parecerlo.

Nunca he sido tan feliz. Ni tan valiente. Ni tan lunática. Nunca.

Éste es el resumen de mis últimos años.

Ya no creo en el cielo, pero me sigue gustando muchísimo.

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