lunes, 18 de julio de 2016

La velocidad del pistacho.

Me gustan mis ojos marrones como
el ron barato
el mar cuando ya es demasiado tarde
o una tarde cuando aún estás a tiempo.

Marrones como
la guerra del Perejil
los desiertos del Sahara claritos
como las intenciones
y todo lo que no es literatura.

Marrones como
zapatos gastados de andar
una orilla, una elección, una caída
y despertar
el sitio donde van las cosas que nos dijeron
y parecían ciertas.

Marrones como
patios andaluces
una carta más vieja que antigua
una sustancia que mezclada con agua cura.

Marrones como
una estampida de gacelas
la tercera cosa de cada cosa de septiembre
las manos sucias de hacer lo que les gusta.

Marrones como
problemas adolescentes
un miedo, un abrazo, una luz
y una canción de los Fitipaldis.


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