lunes, 8 de febrero de 2016

Si no quieren escucharte, el remitente siempre queda demasiado largo. He escrito esto en una onza de papel higiénico.

He conocido a alguien a quien quiero por fin decirle: no es por ti, es por mí.
Y eso debería parecerme una mierda.
Sigo siendo la zorra que fui: una zorra que no sabe ni irse ni perdonar; una zorra humana. Una zorra que va a volver a sufrir como una hija de puta. Una zorra más herida que zorra. Una niña.
Sigo siendo alguien que piensa que enamorarse dos veces es absurdo y repugnante, pero que hiciera lo que hiciera siempre se verá a sí misma absurdamente repugnante. Así lo hice en todas las decisiones y en todas mis fotos hacia el perfecto ángulo azul. Y ahora, que son las cinco de la mañana de un adulto lunes, sé bien que el hoy ya no existe (y que el ayer es sólo una piscina de plástico como lo son las lunas que están cerca).

He conocido a alguien y estoy muerta de miedo. Te lo cuento a ti porque tú sabías a qué profundidad del sueño el marrón ascendente se convertía en bacteria.
Porque supongo que eres tú lo más parecido a la certeza que tuve un día de estar viva. He conocido a alguien que me hace pensar que puedo regresar de la muerte, cruzar el universo andando e incluso, a veces, que, de no conseguirlo, no pasaría absolutamente nada (y aún así mis manos volverían a comprar lotería y mi risa sonaría de nuevo con el tonito de la buena suerte).

He conocido a la zorra. Tengo miedo de abandonar a la zorra. De encontrarme un día con una nueva versión que me infunde cariño para aniquilar a la zorra; perdonar a la zorra. Quiero salvar a la zorra, pero no quiero ser una zorra para salvar a la zorra.

He conocido a alguien y a lo mejor esta es mi última oportunidad. A lo mejor esta es mi última oportunidad de hacerme mujer, de curarme los golpes, de sonarme los mocos, de ser mortal y de plastilina. La última de perdonarme, e irme.

He conocido a alguien a quien quiero y por fin puedo olvidar que no es por mí: que es por otra.
Y eso debería parecerme suficiente.
Sigo siendo la zorra que fui: una niña.
He conocido a alguien.
Ya no sé quién eres.

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