viernes, 16 de diciembre de 2016

La vía láctea como pinchazo perenne en el pecho.

Cualquiera que haga un poco de zoom en la Cultura Universal, puede ver que para el mundo -el mundo entero- las mujeres nos dividimos básicamente en dos grandes grupos: las madres y las hijas de puta. Algunos hombres te violarán porque eres una hija de puta; otros, no lo harán porque tienen madre (y quien dice madre dice hermana, novia o incluso progenie: cualquier categoría femenina cuyo significado se construya en base a un posesivo).
Porque ampliando un poco más, fácilmente se observa que los hombres no quieren a las mujeres. No, no las quieren. Y esto no es ni un mantra feminazi ni pura literatura: es una de las Mayores Verdades del Universo. Y para quien no me crea dejo aquí las palabras del Señor Houllebecq, por supuesto mucho más válidas que las mías.




Dios es un hombre. Esto lo sé desde siempre: de pequeña, por lo de la barba y la túnica blanca; al crecer, por las veces que ya he visto llorar a las niñas malas.

Svetlana Savitskaya fue la primera mujer en pisar la galaxia, aunque fue Valentina Tereshkova la primera mujer en el espacio. Así lo reconoce la Historia y no en balde: Tereshkova fue pionera en meterse en un cohete y ser lanzada fuera del globo. Hoy ya son en total 525 personas las que han despegado de la órbita terrestre, 56 de ellas mujeres. Esto significa que aproximadamente 3'5 mil millones de hombres han salido al espacio exterior. El manspreading es sólo un síntoma.

Lilith fue la primera mujer en pisar la Tierra; aunque popularmente este título pertenece a Eva. Lilith surgió del mismo polvo que Adán y fue condenada a la Nada por saberse una igual. No lo era. La Biblia la olvida y no en balde: a qué alma femenina se le hubiese ocurrido alzar los brazos antes de que la Venus de Gillete existiera.

Realmente Eva fue la primera mujer porque mujer es no ser nunca la primera.

Veréis, hay dos tipos de mujeres en el mundo: las que se sintieron fuera de onda y las que estaban encerradas en una costilla; las que soñaron con pisar la luna y las que cantaron nanas en su nombre para que alguien durmiera; las Tereshkovas y las Evas; las rubias y las morenas, las Unas y las Otras; los ángeles de Charlie y los de Victoria; las que parecen diosas y las que también se odian; las malas y las buenas; las curiosas y las buenas; las irreverentes y las buenas; las felices y las malas.Y sin embargo, todas somos la misma.

Cualquiera que se pare a mirar dentro de la idiosincrasia humana, verá que aproximadamente 3'5 mil millones de mujeres no han conseguido jamás salir de sí mismas, que Valentina Tereshkova era atea y Eva una hija de la gran fruta; e incluso, si se fija con atención primaria, hasta cuánto ha llorado su madre.

Lo cierto es que algún momento de nuestra vida todas nos hubiésemos muerto por ser CHICAS E S P A C I A L E S.

Pero al cielo sólo van las santas.

O, en cualquier caso, quien Dios quiera.

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